La ciudad hiede a lacrimógenas y la crisis arropa el arte. En un lugar pensado para la cultura, como es la Hacienda La Trinidad, 20 creadores exponen piezas que narran la tensión política y social que se vive en las calles del país. Protestas, represión, corrupción, violencia e insultos se muestran sobre óleo, papel fotográfico, yeso y pintura.
La variedad de voces del conflicto se registra en la colectivaOnomatopeyas visuales en tiempos difíciles, que da cuenta de la movilidad del poder y de las penurias de un pueblo desde el arte. Un grupo de exponentes de la plástica contemporánea nacional exhibe sus obras inspirado en un mismo concepto: la reflexión del presente, que se hace histórico conforme la sociedad se transforma.
Luis Arroyo, Emilia Azcárate, Alessandro Balteo-Yazbeck, Muu Blanco, Mariana Bunimov, Deborah Castillo y Paolo Gasparini son algunos de los artistas que ofrecen una narrativa de la construcción de un imaginario político a partir de fotografías, pinturas sobre óleo, libros hechos con cuero, ilustraciones a bolígrafo o maquetas a escala.
Hecho en Venezuela, un videoarte de 1977 creado por Carlos Castillo que abre la exposición, refleja un país en el que coexisten el petróleo y el hambre. Paradójicamente, la obra hecha hace 40 años guarda una estrecha relación con el resto de las piezas realizadas en su mayoría en los últimos 10 años, entre cuyos creadores están Marco Montiel-Soto, Juan José Olavarría, José Perozo, Armando Ruiz, Luis Salazar, Juan Toro y Christian Vinck.
Castillo, un veterano de la creación audiovisual, abre paso a artistas más jóvenes como Érika Ordosgoitti, Pepe López-Reus o Iván Candeo, quienes también han proyectado una visión particular de la política en sus obras. “Todas las propuestas pueden tener o no una referencia al momento de conflicto que estamos viviendo, pero lo más importante es que plantean una reflexión que nos permite encontrarnos, comprendernos y ver hacia dónde vamos”, indicó la curadora de la exposición, Sandra Pinardi.
Ordosgoitti revela la violencia y la tortura a través del registro de varios insultos que le han hecho, unas palabras que talló sobre madera. En un cadalso están escritas las ofensas en un orden que ella cataloga de menor a mayor. “Mándenle a los colectivos para que le hagan cariñitos” es una de ellas. En la cima de la instalación, la obra Comida de moscas muestra a la artista con los senos al aire. “Siendo, no soy” se le escucha decir en un video que tiene de fondo las Residencias Victoria de El Paraíso, que han sido asediadas por la Guardia Nacional.
La Fuerza Armada Nacional Bolivariana tiene un foco especial en el trabajo de Iván Candeo. Proposición de acción al Ejército venezolano es el guion de un trabajo audiovisual que el artista realizó en 2011. “Es lo paradójico de la inmovilidad, en una proposición que puede o no hacerse. Hay un movimiento interior en el que no se avanza ni se recorre el espacio físico”, dice el creador de la obra que realizó en papel y que cada espectador puede tomar como panfletos.
Pepe López Reus presenta en una serie de collages la violencia que se vive en barriadas caraqueñas, a través de la intervención de fotografías que forman siluetas de Kalashnikovs y granadas. Mientras, Carolina Vollmer decidió crear a partir de la destrucción de la Constitución Nacional de 1999, que introdujo en una trituradora de papel. La pieza de videoarte muestra cómo se hace añicos la carta magna que rige el ordenamiento del Estado. Así, las artes plásticas dan cuenta del presente histórico de los venezolanos.

|Información. @elnacionalweb|

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