“Creo que no existe en Barquisimeto una persona que no haya visitado o no se haya topado con alguna historia cercana a El Cambural, el bar más antiguo de la ciudad”, fue la advertencia que le escuchamos hace algunos años a Arnoldo Dávila, un riguroso cronista prestado a esta urbe, testigo de excepción de estos hechos y referencia fundamental a la hora de estudiar la historia cotidiana.

Barquisimeto ha crecido vertiginosamente, pero la calle 31, antigua Aldao, entre carreras 15 y 16 (José Ángel Álamo y Regeneración, respectivamente) se detuvo en el tiempo, negándose a someterse a los cambios del momento.

Testigo añejo, es el legendario aviso de la refrescante Bidú, con un gaucho en su corcel que se remonta a los años 70.

Entrar a El Cambural, significa hundirse en las crónicas de Barquisimeto de ayer; es suscribir memorias; es reencontrarse con la ciudad señorial, la de calles y esquinas con nombre de héroes y reseñas de proezas memorables.

Cuna de la historia de San Juan

Para muchos cronistas como el recordado y laureado Ramón Querales, el mismo Salvador Mascías, Florencio Sequera (Fuller), y Arnoldo Dávila, han dado valiosos testimonios que aseguran que en el Bar El Cambural, quedó “guardada” la historia del barrio de San Juan.

Al entrar al recinto, con su fisonomía que ya cuenta con 95 años -la cual permanece inalterable-, se respira envejecidas anécdotas y para los apasionados de las crónicas, es un paseo embriagador por las tradiciones y cuentos de un vecindario de calles empedradas, de imponentes templos y un comercio pujante.

El Cambural fue registrado en 1922, bajo licencia de licores N° 16, a nivel nacional, siendo su primer dueño Luis Antonio Rodríguez, más tarde pasó a ser propiedad del recordado y querido don Benito Polleto, quien colocó en uno de los antiguos mostradores un cartel que decía: “Las mentes grandes hablan de ideas. Las mentes pobres hablan de los demás”.

Yo visité El Cambural

Ezequiel Bujanda Octavio, escribió una elocuente anécdota que bien vale rescatar: “Yo visité en mis años de joven el Bar Cambural, como se le llamaba, para tomarnos unas cervecitas por un real (Bs 0,50) cada una, ya que en los demás expendios de las famosas "frías", su costo era de real y medio (Bs 0,75), lo que significaba que con bolívares uno cincuenta (Bs 1,50), en El Cambural uno se tomaba tres cervecitas pero en los demás sitios de la ciudad solo dos. Cuál era entonces la opción para los jóvenes con poco dinero, por supuesto El Cambural”.

El fotoperiodista Alfredo Defendini, otro apasionado de las crónicas barquisimetanas, enfatiza que el Bar El Cambural era ampliamente conocido como: como "El Banana Club", en donde a los clientes que tomaban más de tres cervecitas o tragos, se les proporcionaba unas mini empanadas de atún y sardina picante. 

“Viaje en el Tiempo”

El cronista barquisimetano Iván Brito López, realizó un minucioso relato sobre la fisonomía y el funcionamiento de El Cambural, indicando que su nombre, quizá proviene del plantío de cambures en el patio del antiguo recinto, subrayando que “era tupida” y que posteriormente, en ese patio se construyó una serie baños en una especie de cubículos divididos con postes de maderas y láminas de zinc.

En cada división había una pipa con capacidad para 200 litros de agua dispuestos para que los clientes acalorados o pasados de tragos, pudieran refrescarse.

Cada cubículo tenía una repisa para el jabón y en sus vigas de madera, sobresalían enormes clavos de acera para colgar la ropa y evitar se mojara y arrugara.

Dentro de cada tambor de agua, flotaba una totuma o lata de leche que servía para “echarse encima la gélida agua serenada, que mientras la jornada se llevaba a efecto muchos clientes, ordenaban desde su cubículo les sirvieran sus respectivos tragos o les llevaran una carterita de tal o cual licor”.

Aquellos baños famosos también desaparecieron para dar paso a dos enormes y bien diseñadas canchas de bolas criollas, en donde cada tarde se reunían vecinos de la zona y otras latitudes, a disfrutar y compartir sus historias y anécdotas, en un viaje en el tiempo con el inmortal don Benito Polleto, en El Cambural, el antiguo bar de Barquisimeto.





Luis Alberto Perozo Padua

Fotos: Cortesía de Iván Brito López

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