Quizá el 11 de abril es una fecha que quedó grabada en la memoria de la mayoría de los venezolanos pero para Jonathan Lucena, más. No porque cumpla años o sea un evento especial de alegría sino por el contrario, fue el día que si vida cambió para siempre gracias a los golpes y disparos recibidos por funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana. 

"Mientras me desangraba los guardias decían que me iban a matar. 'los iban a violar en Uribana'. Me cantaban alrededor, 'no sirves' , me tuvieron dos horas sin atención médica hasta llevarnos al hospital".

Ese es el relato de Lucena, un joven de 19 años de edad, promesa del beisbol venezolano pero que su sueño se le vio truncado desde abril, cuando fue detenido. Narra que se encontraba en una fiesta junto a sus vecinos en la urbanización Villa Roca de Cabudare. Entre tanto, en las afueras, por la avenida intercomunal se desarrollaba una típica protesta por esos días, en contra del Gobierno, las llamadas guarimbas. 

"Hubo un ataque de la Guardia Nacional, ingresaron sin orden de allanamiento, mi papá y yo estábamos refugiados en una casa; nos dispararon a ambos, a mí en la pierna y a él en el pecho y el brazo, a pesar de no estar metidos en la protesta.Nos sacaron a la inmediaciones de la avenida Ribereña, nos golpearon fuertemente".


Su mirada se va hacia el horizonte recordando el episodio de terror vivido. Su voz se entrecorta narrando lo vivido, pues el sufrimiento no quedaba ahí pues algunos de los golpes se borraron de su cuerpo pero no los daños psicológicos que lo marcaron. 

A parte de la salida del Presidente Nicolás Maduro, quienes protestaban pedía la apertura de un canal humanitario porque no habían medicinas ni insumos médicos, esa misma causa la vivió en carne propia, Lucena y su padre, cuyos familiares no encontraban lo que les medicaban. 


"Me hicieron una primera operación donde realizaron una limpieza quirúrgica y agregaron un tutor interno y luego otra donde colocaron un injerto de hueso,y agregaron platina. Tengo secuelas: dos bacterias y aún no se bien mi estado de salud".


Ser pelotero es uno de los sueños que se acabó, también el de ser ingeniero eléctrico, carrera que estudiaba en la Universidad Fermín Toro y que tuvo que abandonar por el proceso de las operaciones pero además por el alto gasto que representa. Un venezolano con valores y principios que sigue en la lucha, que espera tener una libertad plena pues, su terrible historia no culmina ahí sino que cada mes debe presentarse ante los tribunales para demostrar que sigue en Venezuela y con la esperanza que se compruebe que es inocente de toda la situación que lo culpan. 

Foto y texto: Carlos Iván Suárez


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