La serie de FX, eEl Asesinato de Gianni Versace ha desatado muchos comentarios en las últimas semanas, desde que fue estrenada. Inluso, en Venezuela ha sido TT en Twitter porque el protagonista es oriundo del estado Táchira, no es otro que Edgar Ramírez. 
Los fanáticos de la serie han sacado sus propias conclusiones, otros han investigado más a profundidad lo ocurrido, lo cierto es que hoy traemos en TBT, parte de la historia.
En julio de 1997, Gianni Versace era uno de los diseñadores más famosos del planeta. El italiano tenía 50 años y había revolucionado la moda. Su marca iba a salir a Bolsa y se rumoreaba que el valor de la compañía podía rondar los 1400 millones de dólares.
Ese mismo verano, Andrew Cunanan, de 27 años, estaba a punto de convertirse en la presa de una de las cacerías más sonadas del FBI. Nueve días después de asesinar a Versace, el cadáver de Cunanan apareció en una vivienda flotante en Miami Beach. Se había pegado un tiro en la boca.











El Gigoló de los bares gays
Antes de que su nombre apareciera en las portadas de medio mundo, Cunanan había recorrido todas las regiones del universo gay, desde la sordidez del inframundo y las drogas hasta los rutilantes salones de los millonarios nunca salidos del ‘armario’.
De niño era un chico guapo con un alto cociente intelectual. Sus padres -una fanática católica y un materialista también fanático-, malavenidos, contaban con que su hijo menor compensara sus frustraciones. Cunanan tenía talento. Se movía como pez en el agua en cualquier ambiente. Era el alma de todas las fiestas, pero también un narcisista mentiroso patológico. Bajo su carisma se estaba desarrollando una siniestra psicosis. Maureen Orth, autora de Vulgar favors: The assassination of Gianni Versace, la exhaustiva crónica del crimen en la que se basa ahora la miniserie de American crime story, describe a través de testimonios cómo Cunanan fue alimentando una envidia enfermiza hacia el famoso diseñador italiano que se había convertido en icono de la comunidad gay.

Asesino en serie

El 11 de mayo de 1997, Cunanan llegó a Miami después de un periplo siniestro tras el que había dejado cuatro asesinados. El primero, el 25 de abril en Minneapolis: mató a martillazos a Jeffrey Trail, uno de sus clientes sexuales. Cuatro días después mató a David Manson, un famoso arquitecto del que había sido amante. Luego, ya en Chicago, mató al empresario Lee Miglin, de 72 años, y el 9 de mayo disparó a William Reese, un vigilante a quien le robó la furgoneta con la que apareció en Miami. Para entonces, Cunanan ya figuraba en la lista de los diez fugitivos más buscados y estaba decidido a cerrar su expediente criminal con un homicidio más que le asegurara un lugar en la historia: el de Gianni Versace.
En Miami, Cunanan se instaló en el Normandy Plaza Hotel, un hotel de cuarta. Al día siguiente de su llegada leyó varios artículos en la prensa que le interesaron… y mucho. Time y Newsweek hablaban de él como del sospechoso de cuatro asesinatos. Vanity Fair, por su parte, publicaba un reportaje extenso sobre Donatella Versace, la hermana de Gianni, con abundante información sobre Casa Casuarina, la espectacular villa que los hermanos tenían en South Beach, una rutilante mansión de 1800 metros y un verdadero himno al exceso pagano.
Escondido en el cuartucho del Normandy, Cunanan tan solo se aventuraba al exterior al caer la noche. «Era un buscavidas. Lo supe nada más verlo. Un chapero. Le puse en contacto con algunos hombres entrados en años, viejos con pasta. Se lo montaban en mi propio cuarto. Me saqué un dinerito con esa movida», cuenta Ronnie Holston, residente del mismo hotel en aquellos días.También le puso en contacto con un camello que le proporcionaba crack. Ronnie Holston añade: «Mucha gente no termina de entender cómo funciona el mundo gay. Es raro que alguien se vaya de la lengua o le busque problemas a otros. Aquel chaval estaba escondiéndose, cierto. Pero yo no sabía que era un asesino», le contó a la periodista Maureen Orth en 1999.

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